El home office, el trabajo remoto, los equipos en campo y las empresas con varias sucursales chocan con la nueva obligación de registrar electrónicamente la jornada. Un reloj por sitio ya no escala: la tendencia apunta a sistemas trazables que viajen con el trabajador y operen incluso sin internet, afirma FiscoClic
Durante décadas, medir la jornada en México fue sencillo: un reloj en la entrada y una tarjeta para marcar al llegar y salir. Ese modelo supone que el trabajo ocurre en un solo lugar, pero cada vez menos empresas funcionan así.
Personal en home office, supervisores, técnicos, promotores, choferes y cuadrillas en obra forman parte de la operación de miles de compañías. A partir de 2027 tendrán algo en común: su jornada deberá quedar registrada electrónicamente.
La reforma a la Ley Federal del Trabajo publicada en el DOF el 1 de mayo de 2026, que reduce gradualmente la jornada de 48 a 40 horas semanales hacia 2030, añadió al artículo 132 la obligación de registrar electrónicamente el inicio y fin de la jornada.
Una tendencia regional
México no llega solo a esta discusión. Chile aprobó en 2023 su ley de 40 horas y llegará a esa jornada en 2028. Colombia completó en julio de 2026 la reducción de 48 a 42 horas. En España, el registro diario de jornada es obligatorio para las empresas desde 2019.
La lección es sencilla: reducir las horas obliga a medirlas. Para compañías con operaciones en varios países, el reto es evitar que cada filial resuelva el registro de manera diferente, generando múltiples formatos y riesgos.
El reto: medir fuera de la oficina
«El biométrico resolvía la puerta de la oficina, pero no se mueve con el trabajador. Hoy la jornada ocurre en la calle, en casa y en lugares donde a veces ni siquiera hay internet», explica Raúl Santillán, CEO de FiscoClic.
A esto se suma el uso de hojas de cálculo. Cuando la ley asigna al patrón la carga de probar la jornada ante una controversia, un archivo editable sin historial de cambios puede convertirse en un riesgo.
Medir sin vigilar
El trabajo remoto agrega otro reto. La LFT obliga a respetar el derecho a la desconexión y establece que las tecnologías para supervisar el teletrabajo deben respetar la intimidad y los datos personales. Registrar el inicio y fin permite documentar la jornada sin observar permanentemente al trabajador.
La respuesta: trazabilidad
La tendencia apunta a registros que no puedan manipularse y que no dependan de un lugar. El checador de asistencia de FiscoClic recibe marcajes desde app, WhatsApp, kiosko con QR o navegador; documenta ajustes y permite al colaborador revisar sus registros. También puede operar sin conexión.
«Para una empresa con personal remoto, el valor no está en checar, sino en tener certeza: que cada hora tenga origen, cualquier cambio deje rastro y el colaborador pueda ver su registro», señala Santillán.
Con el periodo de ajuste por terminar, elegir un software de control de asistencia de personal dejó de ser solo un tema de sistemas: también es gestión de riesgo. México inicia esta transición con la oportunidad de aprender de experiencias internacionales.
